¿Cómo se financia el Servicio General de A.A.?

En el enunciado de A.A. se dice «para ser miembro de A.A. no se pagan honorarios ni cuotas, nos mantenemos con nuestras propias contribuciones». Esto queda mejor aclarado en la Séptima Tradición: «Todo Grupo de A.A. debe mantenerse a sí mismo, negándose a recibir contribuciones de fuera». Quizás esto, así expresado, pueda no ser entendido, pero sí lo será si tenemos en cuenta que las Tradiciones de Alcohólicos Anónimos se fueron perfilando con el análisis objetivo de las experiencias vividas a nivel personal y como Grupo.

En la conclusión final de esta Tradición, se imbrican dos personajes históricos dispares: Francisco de Asís y John D. Rockefeller. El primero, por su filosofía basada en el principio de que el dinero y las posesiones pueden desviar de su objetivo principal a una colectividad, pensamiento que pareció adecuado a aquellos primeros alcohólicos anónimos para desarrollar la Comunidad y centrar toda su atención en el alcohólico que sufre. Sin embargo en aquellos momentos, varios miembros de A.A. pensaban que la Comunidad debería poseer hospitales, clínicas, contratar médicos, terapeutas profesionales, etc. y que para ello se necesitaba mucho dinero. Con todos estos proyectos, visitaron a John D. Rockefeller, quien, al escuchar sus ideas, sencillamente les dijo que les entregaba 5.000 dólares pero que, a partir de entonces, la Comunidad debería sostenerse a sí misma.

De este modo, San Francisco de Asís señaló el sendero con la filosofía de «tener lo justo para llevar el Mensaje y nada más» y John Rockefeller «obligó» a aquellos primeros a.as. a llevar a cabo este propósito. Pese a sus pablaras tres años más tarde, John D. Rockefeller hizo algo que significó uno de los más grandes acontecimientos en el resurgir de la Comunidad de A.A., y que fue celebrar una cena con más de 800 invitados pertenecientes al mundo de los negocios, medicina, política, etc., y en la que presentó a los miembros de A.A. a los asistentes para que les hablasen de sus experiencias. Posteriormente envió una carta a todos los invitados en la que recomendaba a Alcohólicos Anónimos como Programa de Recuperación.

La política de autofinanciación es, por experiencia, muy positiva, pues A.A. es consciente del poder que tiene el dinero para dividir a las personas; por eso el carácter fundamental de la Comunidad es espiritual y no material. Los Grupos de A.A., para su propio funcionamiento y para mantener la estructura de servicios que han creado, no necesitan de grandes cantidades de dinero, y así es costumbre en las Reuniones de A.A. «pasar una bolsa» en la que cada alcohólico pone la cantidad con la que desea contribuir anónimamente. Los Grupos, después de cubrir sus necesidades básicas (alquiler, luz, agua, etc.), destinan el dinero sobrante al sostenimiento de su oficina local de servicios y de la estructura nacional de servicios. Las aportaciones de los Grupos mantienen íntegramente la Oficina de Servicios Generales de A.A. en España.